domingo, 28 de agosto de 2011

Reflexión a media noche

Escribo esto con la esperanza - certidumbre mejor dicho- de que sólo yo lo leeré y de que si alguien más lo hace mucho abré mejorado en la exposición de mis ideas utilizando (citando al cronopio) aquellas perras negras, las letras.
Hace unas noches estaba hablando con mis amigos en nuestra "noche de ñores" y discutíamos sobre cómo nos gustaría escribir. Mis compañeros de tertulia no sólo lo tenían definido, sino ya tenían avances sobre ello: uno tiene un esbozo de un cuento con moraleja sobre un niño, un árbol y el canto de unos pájaros (el no lo sabe pero se parece mucho a Murakami); el otro una idea visceral (muy como el Sabines y el Bukowski que tanto disfruta) sobre cómo medir el tiempo, en abrazos, en besos, en lágrimas. El que escribe esto, en cambio, no tenía ninguna idea clara. Sabe que quiere descifrar cosas difíciles sobre el tiempo, la conciencia, la alteridad como el viejo ciego a quien tanto admira, pero también se reconoce más insolente, crudo y terrenal como el autor del club de la pelea, se reconoce leyendo sobre líderes espirituales prefabricados, adictos al sexo, hombres con senos y toda esa clase de experiencias que la gente decente quiere creer que no pueden existir fuera de la cabeza de una mente dañada.
Así, recordando que tengo este espacio, he decidido practicar tanto como me sea posible, a la manera de quien aprende a hablar para luego desarrollar un estilo propio, que tal vez no sea ni cerca de Bukowski, ni Murakami, ni Borges ni Palahniuk.
Que sean las letras las que me guíen y que ellas decidan...

miércoles, 23 de marzo de 2011

¿Qué he hecho en esta última década?


Cerré este blog en condiciones tristes y turbulentas y creo que es el momento indicado para reinaugurarlo. Empezaré por actualizar anunciando que acabo de subir al tercer piso y alguien me preguntó qué se sentía; medité sobre mi recorrido por la segunda década y descubrí que, como siempre, mi viejo guía lo describió mucho mejor:

Como todos los hombres de Babilonia, he sido procónsul; como todos, esclavo; también he conocido la omnipotencia, el oprobio, las cárceles. Miren: a mi mano derecha le falta el índice. Miren: por este desgarrón de la capa se ve en mi estómago un tatuaje bermejo: es el segundo símbolo, Beth. Esta letra, en las noches de luna llena, me confiere poder sobre los hombres cuya marca es Ghimel, pero me subordina a los de Aleph, que en las noches sin luna deben obediencia a los Ghimel. En el crepúsculo del alba, en un sótano, he yugulado ante una piedra negra toros sagrados. Durante un año de la luna, he sido declarado invisible: gritaba y no me respondían, robaba el pan y no me decapitaban.


Si, he conocido la vergüenza y la grandeza (dentro de mi limitado contexto) y al final, en los momentos más difíciles, la esperanza me ha sido fiel; además tengo un tatuaje de Aleph (pero no me subordino a ni madres). Aún no me titulo pero albergo esperanzas para que suceda este año, sigo sin dibujar ni leer todo lo que quiero, pero me he nutrido de muchos buenos textos y autores, ya obtuve una de las maestrías que estaba buscando y he conocido el sentido de la existencia, he perdido gente muy valiosa e irremplazable desde que empecé a publicar esto pero otras personas más se han metido en mi vida, regalándome nuevas experiencias, nuevas visiones y nuevas risas.
En resumen, esta década va empezando y parece que será mejor que la anterior, quiero más risas, más libros, más tintas más ideas, más besos, más todo....sólo espero sobrevivirla.